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Los mantecados en el Imperio del Sol Naciente

Posted on Oct 8, 2015 by in Blog | 3 comments

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Cuando se vive con intensidad, alejados de la rutina, cada día siempre hay algo que te sorprende y te saca esa sonrisa mientras mueves ligeramente la cabeza de lado a lado a la vez que dices “Increíble. Esto es increíble”, porque, aunque despierto, te parece que estás soñando.
Sí. A ti también te va a parecer increíble cuando te cuente la historia de mi nueva amiga Kyoko Fujimoto, que vino a La Despensa de Palacio en mayo de este año desde Japón, su lejano país.
Tengo que reconocer que siempre me ha fascinado la gran isla de los samuráis, con sus apenas conocidos emperadores y en donde el honor es un patrimonio nacional que cada corazón japonés encierra. Por tanto, no te ha de extrañar que siguiera con especial interés la celebración del 400 aniversario de la llegada a Coria del Río de la delegación japonesa Keicho a cuyo frente venía el samurái Hasekura Tsunenaga con la intención de visitar a nuestro rey Felipe III y al Papa Paulo V. Su misión era solicitar el establecimiento de relaciones comerciales con Nueva España (actual México) y el envío de misioneros a Japón.
Ese interés me hizo pensar, en un primer instante, que podría deberse a adquirir el cacao, pero pronto lo descarté pues, aunque Hasekura y sus compañeros lo probaron, el primer dato del chocolate en Japón es del s. XVIII que aparece como “Shokurato”. No es hasta 1878 cuando se fabrica de manera artesanal por primera vez y cuarenta años después cuando la célebre confitería nipona Morinaga se decide a fabricarlo industrialmente. La segunda guerra mundial cortaría el suministro de cacao y lo más parecido que les llegaría a desde entonces eran los supositorios hechos con manteca de cacao.
Así que cuando la vi aparecer a Kyoko por nuestro obrador quise imaginármela descendiente de Tsunenaga tan pronto como me contó de dónde venía y a qué. Todo ello explicándose en un más que correcto español, aprendido con unas monjas misioneras españolas en su país, pues se ve que tuvo fruto y continuidad la misión religiosa aunque no la comercial. Que, además, le enseñaron como vas a ver más cosas.
Estarás pensando que venía a aprender cosas sobre el chocolate. Pero no. Ese parecido con los primeros japoneses hubiera sido precioso, pero, ya te digo, no era así. ¡¡¡Venía, desde miles de kilómetros, a aprender más cosas sobre los mantecados y los polvorones!!! . Y digo “más” porque ella tiene un obrador de pastelería y en él elabora y vende con mucha aceptación nuestros productos más tradicionales de Navidad que le enseñaron también las monjas.
Le enseñé todo cuanto me preguntó y le acompañé a mi proveedor de papel seda para envolverlos correctamente y, en honor del chocolate que no llegó a fructificar en aquella visita hace cuatro siglos, le enseñé nuestro Museo del Chocolate.
Con la educación que les caracteriza, poco tiempo después de marcharse, recibí una carta de Kyoko dándonos las gracias y, entre otras cosas decía:
“Cuando visité Chocomundo me sorprendí porque no podía imaginar que hubiera un museo con tan grandes colecciones y tan didáctico. Visitar La Despensa de Palacio fue una gran experiencia”.
Así que, a partir de ahora, no quiero oír a nadie decir que los japoneses sólo quieren aprender flamenco cuando vienen a España. En cuanto a mí, siempre me quedará el recuerdo de la mirada intensa y rasgada, en búsqueda siempre de la perfección, de Kyoko Fujimoto, mi nueva amiga del Imperio del Sol Naciente.

3 Comments

  1. Los mejores mantecados surtidos del mundo únicos llevó años comprándolo

  2. No es de extrañar, nadie que pase por Choco Mundo y La Despensa de Palacio queda Indiferente.
    Doy Fe…

  3. La mejor fábrica de Estepa vivo aquí y para mi no hay otra y Gracias por compartir esas historias.

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