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Las torrijas en la Historia

Posted on Feb 18, 2016 by in Blog, Sin categoría | 0 comments

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Todos las conocemos. Asaltan los fogones cada Cuaresma y son, sin duda, el mejor pregón gastronómico de la Semana Santa. Pero pocos saben que las torrijas, un dulce de fuerte arraigo en España, datan ¡del siglo XV! O al menos, en ese siglo aparecen ya documentadas gracias a una cita de Juan de Encina. «Miel y muchos huevos para hacer torrejas». Y, como bien dice el escrito, las torrijas es un dulce que usa ingredientes nobles como el pan, huevos, vino miel. Aunque también hay variantes de este manjar que se elabora a con leche, canela y azúcar. En cualquier caso, sendas recetas son un buen ejemplo de la contundencia de este plato, que es tradicional de la Cuaresma. Fecha en la que los cristianos hacen vigilia y no comen carne.

Quizás en ese dato se encuentre el nexo entre las torrijas y la Cuaresma. El dulce, muy enérgico, aporta rigor en época de carestía de alimento y, por otra parte y según la tesis mantenida por otros historiadores, la torrija es un producto del exceso de pan que quedaba en las panaderías como consecuencia de no comer carne. A menos carne, menos pan para acompañar.

En cualquier caso, las primeras recetas se remontan al Libro de ‘Cozina’ de Domingo Hernández de Maceras (1607) y ‘Arte de cozina, pastelería, vizcochería y conservería’ de Francisco Martínez Motiño (1611). Es interesante comprobar cómo la receta, a pesar de sus muchos siglos de historia, se ha mentenido imperturbable y ha llegado hasta nuestros días casi como se concebió.

Las torrijas de La Despensa de Palacio

Las torrijas de La Despensa de Palacio

Ya en el siglo XIV, el recetario Le viandier de Taillevent presentaba la receta de las «tostadas doradas» (tostées dorées), que se rebañaban en yema de huevo batido antes de pasarlas por la sartén y espolvorearlas con azúcar.

En Sevilla, las clásicas son de vino y miel, aunque también se consumen de leche,canela y azúcar. En cualquier caso, el secreto de una buena torrija se esconde en el pan que se utiliza, que debe ser abizcochado para que soporte el peso de la miel. Ya, en cada casa se le da su punto. Los hay que enmelan con miel y agua, otros solo con miel; también los hay que las ‘emborrachan’ con vino moscatel, otros con vino blanco, o Mistela o Pedro Ximenez… Lo que no está en duda es que para conseguir la torrija perfecta, hay que dedicarles muchas horas y más cariño. El mismo que le ponemos nosotros a las nuestras.

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