Navigation Menu+

El Olivar de la Fuensanta, raíces de un aceite de oliva virgen extra único

Posted on Oct 8, 2015 by in Blog | 0 comments

ladespensa-obrador-olivar02-rec

This post is also available in: Inglés

Al igual que estamos intentando tener nuestra propia plantación de cacao, ya hace años intentamos y, afortunadamente logramos, tener nuestro propio olivar para molturar su aceituna y conseguir un aceite de oliva virgen extra Premium, en principio, para elaborar con él los mantecaditos de aceite pero, al final, para algo más, como podrás comprobar.

Ha pasado ya el tiempo suficiente. Tras haber puesto los olivos en manos de mi primo José Antonio, uno de los mejores taladores (siempre han tenido fama los de Estepa, por esto, entre otros el Duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil, se los llevaba todos los años a sus fincas) y sus frutos en manos del mejor maestro de molino. Así obtenemos un aceite que va más lejos todavía.

Por eso, este es el momento que, llenos de legítimo orgullo, se lo damos a conocer a todos nuestros clientes. Permíteme, pues, lector amigo, que te muestre sus raíces y destaque sus particularidades.

Nuestra pequeña finca familiar denominada “La Fuensanta” tiene poco más de diez hectáreas, y debe su nombre a que con el agua de una fuente que brotaba en ella sanaron las tropas del Rey San Fernando de una grave enfermedad que traían cuando vinieron a conquistar la fortaleza árabe de Estepa a mediados del siglo XIII. Desde entonces también el antiguo camino real que la atraviesa se llama “Caminito del Santo Rey” a su paso por ella.

Las tierras conquistadas las repartió el Rey entre los caballeros que le ayudaron. A uno de ellos, de apellido Lasarte, le correspondió, junto a otras, “La Fuensanta”. Sus herederos, tras labrarla durante siglos, consiguieron que siempre haya estado considerada, generación tras generación de olivareros, como “una de las mejores fincas que mejor terreno pisan en Estepa”. Esto unido a que uno de los descendientes de aquel antiguo caballero, José Lasarte y Ayala, a mediados del siglo XIX decidió plantarla de olivos de la variedad autóctona “picudo blanco de Estepa”, hizo que sus aceitunas sirvieran para obtener un aceite de una calidad excepcional con el que se encabezaban otras partidas, y que le reconocieron en cuantas ferias agrícolas participó.

Esa variedad, muy abundante en las tierras estepeñas por aquella centuria, fue sustituyéndose por otras variedades con mayor producción. De tal forma que, al día de hoy, “La Fuensanta” es el único olivar que existe en el mundo de esta variedad tan apreciada.

Hoy, que nuestra familia ha tomado el relevo, seguimos tratando la tierra igual pero le damos a este fruto único el tratamiento que sus especiales características merecen. Siguiendo para ello la manera de elaborar nuestros dulces: Buscando siempre la excelencia y poniendo todo nuestro cariño en la obra. Dicho de otra manera, mantenemos el árbol, olivos centenarios que dan un fruto excepcional; continuamos con el “marco real” que tiene la plantación ( 16 metros de distancia entre olivos) que hacen que estén mucho más soleados y, por tanto, que su contenido en polifenoles, los componentes más saludables de su aceite, sea mayor, no siguiendo las corrientes modernas (olivar intensivo o superintensivo) en las que priman la producción, y, sobre todo, molturando nosotros la aceituna en el momento más conveniente para obtener la máxima calidad que no coincide precisamente con la máxima producción, obteniendo sólo la tercera parte del aceite que se podría alcanzar con la aceituna totalmente madura.

De ahí que molturemos la aceituna cuando está aún verde. Es el momento en que le comunica a su aceite las notas más frescas e intensas.

Pero para conseguir que los frutos lleguen en perfectas condiciones al molino, se recogen manualmente para no dañarlos y se molturan inmediatamente, y se bate en frío su pasta, para obtener un zumo de bajísima acidez y que guarde todo el tarro de sus esencias. Finalmente el aceite se castra por decantación natural, sin adición de ningún producto químico, obteniendo así un genuino aceite “en rama” que guarda intactas todos los olores y sabores que el desvelo del hombre y la generosidad de la tierra le comunicaron.

Disponte a probarlo en nuestros mantecaditos de aceite, o a saborearlo en las ricas tortas/galletas de aceite o, sencillamente sólo, sobre una tostada o un mollete humeante que adelante a tu nariz lo que le espera a tu boca.

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *